Clínica

Angustia, afecto único…

Por Ana Preiti

(…) ¿Que no iba a estar relacionado con la angustia?
Jaques Lacan. 
Seminario X, p.20.

Conceptualización de la angustia

La angustia es un concepto privilegiado tanto en la obra de Freud como en la de   Lacan. Se trata de una experiencia bisagra en la que el orden del pensamiento y el cuerpo están concernidos.

¿Qué es la angustia? Ante todo, es el afecto señal de un peligro-pulsional, para distinguirla del miedo, que concierne a un peligro externo. La función de esa señal es causar la represión, dando así lugar a la formación del síntoma.” [1]

Así mismo, Lacan retoma la indicación freudiana de que la angustia es una señal de lo real, y esto es para hacer un buen uso de la misma como vía de acceso a lo real. Si decimos que la angustia es “un afecto que no engaña” es porque plantea la buena pregunta, aquella del deseo: Che vuoi? Sin la angustia la vida del sujeto se vería reducida, como en Macbeth: “A sombras, a una historia llena de ruidos y sin significados”.

Si nos angustiamos, entre otras causas, es porque no sabemos lo que el Otro quiere de nosotros. La presencia del Otro como tal esta en causa y es por esto que Lacan puede decir que la angustia “no es sin objeto”.

Lacan hace más legible las evoluciones de la teoría freudiana de la angustia, revelando que la angustia es siempre “presencia del deseo del Otro” como tal. [2]

La angustia, afecto único, afecto crucial, es la verdadera esencia del ser hablante. El carácter central del afecto de angustia, alrededor del cual se ordena todo. “Es el afecto por excelencia en tanto connota la producción del objeto a, es decir el efecto principal del lenguaje sobre el goce”. [3]

Lacan en el Seminario X “La angustia” la define… “Afecto no hay más que uno, correlacionado al producto del ser hablante en un discurso” y en el Seminario XI “Los cuatro conceptos fundamentales del Psicoanálisis” refiere a la angustia como “Hecha para separar la función del objeto de su sustancia. Lacan nos entrega allí la estructura del plus de gozar bajo la forma del objeto cuyo contorno realiza la pulsión e indica que este objeto a no es más que la presencia de un hueco, un vacío, que puede ocupar cualquier objeto. Más tarde Lacan hará del objeto a simplemente una consistencia lógica, una forma topológica”.

No es un hecho episódico sino un afecto estructural, que en diferentes grados nos acompaña toda la vida, se manifiesta en nuestra clínica de un modo constante y, como tal, no discontinua. Sin embargo, su discontinuidad radica más bien en las variaciones de su intensidad.

Para los psicoanalistas, la angustia constituye una brújula para la dirección de la cura, el manejo de las interpretaciones y de la transferencia. De manera implícita, esto supone la necesidad de la angustia en una cura orientada por el psicoanálisis, que es el caso de los sujetos que recibimos.

¿Por qué? Porque para estos sujetos hay un fracaso de las formaciones del inconsciente para tratar este afecto estructural de una manera adecuada; es decir, de una manera que lo integre en la continuidad más o menos confortable del sentimiento de vida. [4]

 

La angustia y la época

Los psicoanalistas nos vemos confrontados en la clínica actual con una época caracterizada por el Otro que no existe, la declinación del discurso Amo y el reinado del discurso capitalista. En la práctica esto implica un cambio en las condiciones en la que la angustia se manifiesta.

Estas condiciones nos presentan dificultades en el dispositivo psicoanalítico, ya que enmarcar la angustia es una tarea fundamental en un análisis.

La vertiginosidad en la que se ha convertido la vida postmoderna conduce a que cada día lo nuevo sea nuevo cada vez menos tiempo; cada vez más rápido de manera que lo nuevo deja de serlo, convirtiéndose la vida en una exigencia superyoica. Se ha instalado una cultura de “demandar lo nuevo”. Lo nuevo, lo último, puede transformarse en una exigencia siniestra que se relaciona con la muerte. [5]

La relación del psicoanálisis con lo nuevo lleva la marca del descubrimiento freudiano en el cual lo antiguo y obsoleto es lo más activo. Se atribuyen nuevos nombres y nuevos presagios, nuevos sentidos-significantes que no alteran en nada su existencia.

En psicoanálisis no hay síntoma que no sea nuevo, único e irrepetible en el nivel de la articulación singular que el sujeto hace entre significante y goce, esta es la perspectiva que nos orienta el psicoanálisis.

Así es como la expresión nuevos síntomas la asociamos con el estado actual de la cultura, con el consumo, el derecho al goce, la cultura del narcisismo, la declinación de la función paterna, la fragmentación del lazo social, la crisis de la familia tipo, la toxicomanía, la anorexia, la bulimia entre otros.

Para las terapias cognitivo-conductistas la angustia es un trastorno o un disfuncionamiento. Para la medicina la esencia del fenómeno de la angustia tiene que ver con el destino de la serotonina. En cambio, para el psicoanálisis se trata de considerar a la angustia como una clave, una llave de la dirección de la cura.

 

La angustia, signo de deseo

El concepto de angustia en Lacan está estrechamente vinculado a la nación de deseo. En el Seminario VI “El deseo y su interpretación” Lacan propone la palabra pánico para indicar que allí donde el significante desfallece para nombrar, para captar por medio del lenguaje aquello que el sujeto seria para el Otro, es necesario engancharse a algo y ese algo en este punto de la enseñanza de Lacan es el objeto de deseo capturado en el fantasma (Objeto imaginario).

El sujeto recurrirá a las identificaciones simbólicas e imaginarias (significantes y especulares) para intentar responder a la pregunta por su ser, que solo puede formularse a partir de la pregunta por el deseo del Otro, ¿Qué me quiere? ¿Qué soy para el otro? En el Seminario 10; aquí se abre la dimensión de la angustia.

 

La angustia no es sin objeto

Es en el Seminario X “La Angustia” donde Lacan precisa la especificidad de la concepción lacaniana de la misma. Este es uno de los momentos cruciales del viraje de su enseñanza

Por medio de la formula “La angustia no es sin objeto” Lacan se separa de toda conceptualización psicológica que defina la angustia en oposición al miedo a partir de un objeto determinado, sino que también se distancia de su propia teorización anterior que de algún modo identificaba al objeto con su falta. Dice “La angustia es la presencia de Lo Real”. [6]

J.A. Miller nos indica que Lacan en su seminario se aboca a demostrar, contrariamente a la tesis freudiana, que no es generada por la pérdida del objeto sino por la presencia del mismo, surge cuando algo emerge en el lugar de la falta que constituye al deseo: el sujeto se angustia cuando falta la falta.

Se trata de la presencia de algo alli donde la castración imaginaria debiera asegurar la circulación metonímica de la falta (falta en ser y falta de objeto) que es soporte de la función deseante.

En las últimas dos décadas se ha intentado formalizar y tratar los efectos de la proliferación de objetos con los que los sujetos, especialmente en los países llamados desarrollados, son atiborrados y el correlato de depresión que acompaña el imperativo a colmar permanentemente todo vació, como verificación del aplastamiento de la función deseante en la subjetividad.

Si el objeto causa del deseo no falta, es el estatuto mismo del sujeto como tal el que se ve comprometido. De esto testimonia la experiencia de la angustia.

El Seminario X es la elaboración de una estructura que falta que no es significante y que implica además un nuevo estatuto del cuerpo: no se trata ya del cuerpo simbolizado por el estadio del espejo sino de un cuerpo afectado por la función del corte, de la separación. Hay algo que, en la constitución misma del sujeto que “habla”, y no se reabsorbe por medios simbólicos.

En el Seminario XI ese objeto será radicalmente separado de la conceptualización previa. El pivote de la definición de la angustia ya no se ubica en la castración, sino en lo que ha sido concebido como lo más propio de la teoría lacaniana sobre la angustia: la separación, enmarcada en el par alienación /separación como operaciones fundantes del sujeto en su relación al Otro y al objeto. Al objeto a Lacan lo llamara su única invención.

Objeto situado más allá del principio del placer y el de realidad, indicando la proximidad del objeto en su estatuto real, así la Angustia es planteada por Lacan como lo que no engaña: “la angustia es ese corte que se abre y deja aparecer lo inesperado, la visita, la noticia, lo que expresa el término de presentimiento, pero en tanto pre-sentimiento, lo que está antes del sentimiento”

Así es como la angustia se ubica en el pasaje de la realidad a lo Real. El fantasma, marco que da forma y estabilidad a la realidad del sujeto, incluirá así su relación con ese objeto particular que contiene su modo de relación al Otro a la vez que su satisfacción pulsional a nivel del cuerpo.

La angustia será en la teoría lacaniana la vía regia de acceso a lo Real bajo la forma de objeto a.

 

La angustia en “Última enseñanza de Lacan”

A partir del Seminario 20 “Aun”, Lacan introduce cambios significativos en el abordaje de las nociones psicoanalíticas fundamentales. Por ejemplo, la noción de síntoma, especialmente a partir de su teoría de los cuatro discursos, la topología de los nudos lo que indicara una vía novedosa de la exploración de la angustia en la intersección de los tres registros: RSI, en el denominado Nudo Borromeo.

La radicalidad respecto de alcanzar lo Real por medio de la representación se vuelve aún más patente y la angustia es ubicada por Lacan como el afecto primordial que señala para el ser humano ese límite, esa imposibilidad de recubrir por completo lo real, especialmente lo real de su cuerpo como vivo, por los medios del lenguaje y de la imagen.

 

Síntoma y angustia, “la angustia no es un síntoma”

“De manera que “detrás” de los síntomas se ubica la angustia que muchas veces no se considera como cuestión esencial del afecto subjetivo, ya que se prioriza precisamente el tratamiento y alivio de los síntomas corporales.

Desde nuestra perspectiva la angustia implica la presencia y el retorno en el campo del sujeto de aquello que de lo real no puede simbolizarse o imaginarizarse.

Ocurre cuando fallan los recursos que permiten simbolizar o dar cierto velo imaginario a la pulsión, es decir cuando la función del falo o del marco del fantasma se disuelven, es que se presenta el objeto pulsional en sus modalidades de objeto mirada, voz, oral o anal, produciendo angustia. [7]

Así, frente a la angustia, el sujeto puede reaccionar de diversas maneras.

Mencionemos el acting out que sería la forma de volver a intentar reubicar el objeto de la pulsión que afecta al sujeto produciendo angustia, tratando de ser resituado, por decir así, en el campo del Otro para que ese objeto sea alojado de alguna manera.

Otro fenómeno que podemos recordar y que es de pronóstico más complicado, es el pasaje al acto donde el sujeto cae, o se fuga por decir así, del campo del Otro que lo aloja y se identifica a ese objeto como deshecho.

Los ataques de angustia pueden conducir a actings o a pasajes al acto como modos de intentar solucionar el desborde pulsional.

Es decir que la angustia no se basa en la dinámica inconsciente de la represión y el retorno de lo reprimido característico del síntoma como metáfora o formación del inconsciente.

Es decir, la angustia no es un síntoma, de manera que su tratamiento no estaría tan vinculado a la interpretación o al desciframiento significante o simbólico, sino a la posibilidad de que el sujeto pueda ceder su posición de objeto y ser alojado vía la transferencia y la función de corte del deseo del analista. Quizás el intento de buscar cierto sentido en los momentos de desencadenamiento facilite la entrada en análisis de ese sujeto”. [8]

 

Conclusión

La clínica analítica, que como dice Lacan, “consiste en el discernimiento de las cosas que importan”, es una clínica bajo transferencia. Esto puede indignar al discurso del amo, pero esta necesidad para un sujeto de orientarse, existe y puede hallar salidas catastróficas por no ser tenida en cuenta.

Decimos que en la clínica hay un objeto que resiste a lo universalizable y al para todos que Lacan llama “objeto a”, objeto que es real y que atañe al goce del cuerpo. Para cada uno, es sin igual. Cada uno tiene su inconsciente, cada uno tiene su sintoma. La paradoja es que el sin igual abre a un nuevo lazo social. Esto es lo que se escucha y se lee. [9]

NOTAS

  1. Miller, J.-A., “La angustia – Introducción al Seminario X de Jaques Lacan”, Ed. Del Nuevo Extremo, Barcelona
  2. Ibídem
  3. Ibídem
  4. Ibídem
  5. Entrevista a Guy Trobas – “La angustia, sus formas y la importancia de este aspecto fundamental” en  http://noticias.unsam.edu.ar/2020/08/18/la-angustia-sus-formas-y-la-importancia-de-este-afecto-fundamental/
  6.  Lacan, J., “Seminario X – La Angustia”, Ed. Paidós, Bs. As.
  7. Artículo “Nuevos síntomas, nuevas angustias” de Graciela Ruiz en Revista Virtualia N° 10 en http://www.revistavirtualia.com/articulos/632/jornadas-anuales-de-la-eol/nuevos-sintomas-nuevas-angustias
  8. Furman Miguel ¿Ataque de pánico o ataque de angustia? en “Psiquiatría y Psicoanalisis Diagnostico, institución y psicofármaco en la clínica actual”. Página 71 Editorial Grama 2007
  9.  Miller, J.-A., “Cómo orientarse en la clínica”, Ed. Grama, Buenos Aires 2019.